He escuchado a muchos escritores decir que no pueden escribir sin inspiración, y a otros tantos decir que la inspiración no existe; pero yo no estoy de acuerdo ni con lo uno ni con lo otro. Creo que la inspiración sí existe; pero también creo que, independientemente de si estamos inspirados o no, podemos escribir en cualquier momento.
Para mí la inspiración es un estado de “Flow” (o “flujo”, en español) en el que la persona está tan concentrada en la escritura que literalmente se olvida de todo lo demás a su alrededor y vive intensamente el proceso de escribir. Es un estado en donde la mente está mucho más receptiva a las ideas y a las emociones, en donde la lógica y la creatividad se funden en una armonía sublime y permiten los picos más altos de desempeño.
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Sin embargo, en el día a día no suele resultar sencillo alcanzar ese estado de “flow”. Y es por eso, creo yo, que muchos dicen que las musas los abandonan o solo los visitan de vez en cuando. Sin embargo, aún sin ese estado de inspiración, podemos escribir. Escribir es más que poner palabras en el papel. Es conectar nuestra creatividad con nuestra lógica y con el lenguaje.
Para escribir una novela, por ejemplo, hace falta construir e investigar muchas cosas: si, por ejemplo, tu protagonista va a pasar varios días en un desierto y ahí va a suceder algo importante, como escritor debes hacerte una idea lo suficientemente buena de cómo son los desiertos y de las características particulares del desierto en el que se encontrará el personaje y los desafíos y ventajas que implica ese lugar. Si, por ejemplo, el protagonista es un médico, como escritor deberás tener claros los aspectos fundamentales de la profesión y las características, actitudes y saberes que te permitan que el personaje resulte creíble en su rol de médico. Para investigar sobre eso, para organizar esa información, no hay que estar inspirado, simplemente hay que ponerse a ello.
