Aspectos como la geografía, la historia humana, la religión, las expresiones artísticas, las formas de organización y gobierno, las fiestas y tradiciones y muchos otros, pueden ayudar a que tu obra se sienta más real y profunda. Sin embargo, “crear un mundo” para contar una historia se presenta como una tarea titánica y uno no sabe por dónde empezar.
![]() |
| Fuente |
Tras varios intentos de ensayo y error he descubierto algo que para algunos puede resultar obvio, pero que admito no era tan obvio para mí cuando comencé a crear mis mundos: hay que conocer primero el mundo real, el mundo en el que vivimos.
¿Por qué? Porque necesitamos un punto de partida, una base. Y esa base es precisamente el conocimiento de lo que ya existe. Dentro de ese conocimiento podemos estudiar los mundos creados por otros autores en diferentes medios (no solo el escrito sino también el audiovisual, por ejemplo); pero incluso eso solo nos otorga una mirada muy parcial de las posibilidades existentes para crear los mundos de nuestras historias. Sin embargo, si vamos a las raíces, a lo que inspiró en última instancia a esos autores, llegamos inevitablemente a un único lugar: el mundo real.
